¿Por qué José Smith pudo testificar en la corte a la edad de 13 años?
Enero 14, 2021
KnoWhy #590
Imagen por Arek Socha de Pixabay
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"Me llamó por mi nombre, y me dijo que era un mensajero enviado de la presencia de Dios, y que se llamaba Moroni; que Dios tenía una obra para mí, y que entre todas las naciones, tribus y lenguas se tomaría mi nombre para bien y para mal, o sea, que se iba a hablar bien o mal de mí entre todo pueblo".

Testimonio del Profeta José Smith

El conocimiento

En 1833, un anti mormón llamado Doctor Philastus Hurlbut1 recopiló declaraciones juradas de los vecinos de Smith en Nueva York, quienes daban opiniones negativas sobre la familia. Desde entonces, la reputación de la familia Smith en su comunidad de Palmyra ha sido un tema muy discutido. Las fuentes recopiladas por Hurlbut y muchas otras después de él, aunque todavía tienen cierto valor histórico, están fuertemente viciadas por prejuicios posteriores y los objetivos de aquellos que recolectaron las declaraciones desde un inicio2. Los mismos Smith afirmaron que tales reportes negativos no se dieron a conocer hasta después de que los rumores sobre las visiones de José Smith hijo comenzaron a difundirse. “Nunca supimos que éramos malas personas”, recordó el hermano menor de José, William, “hasta que José habló de su visión”3.

Solo los documentos de antes de la época en que las visiones de José Smith se habían hecho ampliamente conocidas pueden proporcionar una visión fiable de cómo se consideraba a los Smith en su comunidad antes de que los rumores negativos y los chismes hubieran manchado su reputación. Tales evidencias son escasas, pero algunas existen4. Tal vez el ejemplo más convincente provenga de los procedimientos legales que involucran a los miembros de la familia Smith, incluyendo a José Smith hijo, a principios de 1819, aproximadamente un año antes de la Primera Visión5. De manera accidental, estos procedimientos involucraron a un hombre llamado Jeremiah Hurlbut (sin relación conocida con Doctor Philastus Hurlbut).

En marzo de 1818, cuando los Smith aún eran nuevos en la ciudad, José Smith padre y su hijo mayor, Alvin, hicieron un trato con Jeremiah Hurlbut por dos caballos, que pagarían en enero de 1819 con “un buen grano comercial”6. En los meses intermedios, José padre y sus hijos, incluyendo Alvin, Hyrum y José hijo, trabajaron para Hurlbut en su granja y la de su madre7. Cuando enero de 1819 llegó, había una disputa entre los Smith y Hurlbut sobre cuánto debía quién a quién por la mano de obra, los servicios y los bienes proporcionados.

Para resolver esta disputa, José padre presentó una demanda en contra de Hurlbut, alegando que los caballos tenían “achaques” y exigiendo también el pago de los servicios prestados a la granja de Hurlbut. En la disputa se incluían varios bienes que Hurlbut afirmaba haber dado a los Smith, por los cuales estaba demandando una compensación8.

Tanto Hyrum como José hijo, estaban entre los testigos llamados a declarar en el juicio. Es importante mencionar que José hijo, tenía solamente 13 años de edad en ese momento. La ley de Nueva York a principios del siglo XIX requería que los testigos “tuvieran la edad de responsabilidad”, es decir 14 años de edad, para poder testificar en una corte9. Entonces, ¿por qué se le permitió a José Smith hijo testificar en este caso a una edad de 13 años? El historiador en derecho Jeffrey N. Walker explicó:

La ley de Nueva York y las prácticas locales permitían el testimonio de un niño [es decir, personas menores de 14 años] conforme al criterio del tribunal para determinar la competencia del testigo. La prueba de competencia requería una determinación de que el testigo estaba en su “sano juicio y memoria”. ... Esta determinación en cuanto a la capacidad quedó a criterio del juez10.

En un manual de justicia del estado de Nueva York de 1829 se establece que la concesión para que los “niños... sean admitidos a testificar... debe ser determinada por su evidente razón y entendimiento”.

La corte podría examinar a un niño, o a otra persona de intelecto deficiente, para determinar su capacidad y el alcance de sus conocimientos religiosos y de otro tipo. Después de dicho examen, el asunto debe quedar, en gran medida, a criterio del tribunal11.

Asumiendo que el Juez Abraham Spear siguió el procedimiento adecuado en el caso de los Smith contra Hurlbut, José hijo debe haber demostrado ser competente, de mente sana, buena memoria, gran intelecto y una comprensión moral y religiosa por encima de su edad. El jurado, compuesto por doce de los “hombres más acaudalados y prominentes de la zona”, incluyendo vecinos y familiares de Hurlbut, también debió haber quedado impresionado por el joven José ya que “todos los servicios sobre los que José hijo testificó estaban incluidos en la indemnización por daños concedida a los Smith”12. Basándose en las conclusiones del jurado, el juez Spear falló a favor de los Smith.

El porqué

El registro de este juicio proporciona un pequeño pero importante vistazo a la posición de la familia Smith, y del mismo José Smith hijo, en la comunidad de Palmyra en un momento en que su reputación se había visto manchada por rumores infundados y falsas acusaciones. Jeremiah Hurlbut era miembro de una de las familias originales que se asentaron en Palmyra, y como tal, estaba bien establecido en la comunidad13. Y sin embargo, en un juicio resuelto por un jurado de sus colegas, el resultado fue, “para efectos prácticos”, una victoria para la familia Smith14. Tal como Walker concluyó:

Este caso es un relato indiscutible de cómo José hijo y su familia eran considerados en Palmyra en 1819. Los jurados, compuestos por los miembros más acaudalados de la comunidad, fallaron a favor de las demandas de los Smith contra una familia mucho más prominente. Aún más importante, este mismo jurado, en conjunto con el juez de paz local, consideró que el joven José Smith era un testigo creíble y competente, algo que algunos discuten hoy en día15.

De este registro judicial recientemente descubierto, ahora disponible en Joseph Smith Papers16, los lectores de hoy aprenden que apenas un año antes de la Primera Visión de José Smith (de hecho, durante el mismo tiempo en que estaba en medio de su lucha por decidir a qué iglesia unirse17) los vecinos de José en Palmyra lo consideraban un niño que estaba en su “sano juicio y memoria”, un carácter competente, y tal vez incluso uno dedicado a un serio pensamiento religioso18. Como testigo ocular, lo vieron “compasiva, creíble y razonablemente”19.

Otros que conocían a José más de cerca atestiguaron que fue honesto en su niñez y que fue de carácter íntegro durante toda su vida20. Por ejemplo, con respecto a la aparición del Libro de Mormón, su hermano William Smith recordó:

Todos teníamos confianza absoluta en lo que dijo [José]. Era un joven sincero. Su papá y mamá le creyeron. ¿Por qué no deberían hacerlo los niños? Supongo que si hubiera contado historias deshonestas sobre otras cosas, podríamos haber dudado de su palabra sobre las planchas [del Libro de Mormón], pero José era un joven sincero. Sus padres creyeron en su historia y sufrieron persecución porque esa creencia demuestra que era sincero. No señor, nunca dudamos de su palabra ni un minuto21.

Todo esto indica claramente que el joven José Smith merece ser considerado como un testigo honesto, sincero y creíble cuando en 1820 dijo a la gente que había visto a Dios el Padre y a Jesucristo cerca de su casa en Palmyra, Nueva York, junto con todas las demás veces que habló a lo largo de su vida de esa manifestación celestial, así como de otras visiones y revelaciones que experimentó e informó en los años venideros.

Otras lecturas

Jeffrey N. Walker, “Standing as a Credible Witness in 1819”, en Sustaining the Law: Joseph Smith’s Legal Encounters, ed. Gordon A. Madsen, Jeffrey N. Walker y John W. Welch (Provo, UT: BYU Studies, 2014), 51–70.

Introduction to Joseph Smith Sr. v. J. Hurlbut, Joseph Smith Papers, en línea en josephsmithpapers.org.

Daniel C. Peterson y Donald L. Enders, “Can the 1834 Affidavits Attacking the Smith Family be Trusted?” en Pressing Forward with the Book of Mormon: The FARMS Updates of the 1990s, ed. John W. Welch y Melvin J. Throne (Provo, UT: FARMS, 1999), 285–288.