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KnoWhy #578

¿Por qué el Padre dijo: “[A] él oíd” cuando presentó a Jesucristo?

septiembre 17, 2020
KnoWhy #578
La Primera Visión de Jorge Cocco, presentada en el Concurso de Arte Book of Mormon Central 2017.
La Primera Visión de Jorge Cocco, presentada en el Concurso de Arte Book of Mormon Central 2017.
“He aquí a mi Hijo Amado, en quien me complazco, en quien he glorificado mi nombre: a él oíd”.
3 Nefi 11:7

El conocimiento

Para toda persona en el mundo, ningún mensaje podría ser más importante que escuchar la exhortación de “oír” a Jesucristo, el Hijo de Dios. En tres ocasiones trascendentales en la historia del mundo, Dios el Padre ha presentado a Su hijo Jesucristo utilizando exactamente estas palabras: “Este es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!1.

Esas tres veces fueron:

  1. Cuando Él presentó a Su hijo a José Smith en una hermosa mañana de primavera de 1820 cerca de la casa de sus padres en Palmyra, Nueva York (JSH 1:17).
  2. En la transfiguración de Jesús, cuando se dirigió a los tres apóstoles principales: Pedro, Santiago y Juan (Mateo 17:5).
  3. Y también, en la tierra de Abundancia, mientras hablaba a los sobrevivientes justos que se habían reunido en su templo, maravillados y buscando guía (3 Nefi 11:7).

Cada una de estas ocasiones merece un estudio y una atención especial.

La Primera Visión de José Smith

Como se informa en el relato de José Smith de 1838 sobre su visión del Padre y el Hijo: “Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Este es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!” (JSH 1:17)2. José testificó a otros acerca de esta asombrosa experiencia en varias ocasiones y muchos de los relatos registrados contienen palabras similares mencionadas por el Padre al presentar a Su Hijo.

Como W. W. Phelps registró: En 1835, José predicó a la audiencia de la iglesia en Kirtland sobre el tema de “Este es mi Hijo Amado, escúchalo3. No cabe duda que fue invitado para tratar ese tema debido a su propia experiencia al escuchar esas palabras en 18204. En 1843, el editor del periódico David Nye White mencionó haber escuchado a José hablar de la Primera Visión diciendo: “Inmediatamente vi una luz y luego a un personaje glorioso en la luz y luego a otro personaje, y el primer personaje dijo al otro: ‘He aquí a mi Hijo Amado, escúchalo‘”5.

En otra ocasión, en mayo de 1844, Alexander Neibaur, un inmigrante converso y amigo de José Smith, registró en su diario: “El hno. José nos dijo… [él] vio fuego en el cielo[,] acercándose más y más[,] vio a un personaje [el Padre] en el fuego… después de un momento otra persona se acercó al lado de la primera”[.] Después de decirle a José que no se uniera a ninguna de las iglesias existentes, el Padre dijo “pero este es mi Hijo Amado, escúchalo6.

El monte de la Transfiguración

Pedro, Santiago y Juan también escucharon estas mismas palabras del Padre, en el monte de la Transfiguración. Las palabras de este importante acontecimiento están registradas en Mateo 17:1-9, Marcos 9:2-10 y Lucas 9:28-36.

Jesús llevó con Él a estos tres apóstoles “a un monte alto” (Mateo, Marcos) “a orar” (Lucas). Y Jesús “se transfiguró delante de ellos” (Mateo, Marcos). “[L]a apariencia de[l] rostro [de Jesús] se hizo otra” (Lucas), y “resplandeció su rostro como el sol” (Mateo 17:2). “[S]us vestidos se hicieron blancos como la luz” (Mateo 17:2), “muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede dejar tan blancos” (Marcos 9:3).

Moisés y Elías hablaron con Jesús. Es de suponer que ellos anunciaron a Jesús sus mayordomías sobre la ley y los profetas, actuando conforme a su autoridad levítica y de Melquisedec. Cuando una nube o un velo celestial descendió sobre esta escena, “tuvieron temor” (Lucas 9:34). En ese momento, la voz del Padre traspasando el velo, o desde la nube dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; a él oíd” (Mateo 17:5), o como se menciona de manera más sencilla en Marcos y Lucas: “Este es mi Hijo Amado; a él oíd” (como se registra en Marcos 9:7; Lucas 9:35).

Los nefitas en la tierra de Abundancia

La tercera ocasión en la que el Padre presentó a Su Hijo se encuentra en 3 Nefi 11:7. Las personas en la tierra de Abundancia se habían reunido en su templo, esperando recibir luz y conocimiento debido al “grande y maravilloso cambio que se había verificado” con la muerte de Jesús (v. 1). Mientras “estaban conversando acerca de este Jesucristo” (v. 2), oyeron una voz “como si viniera del cielo” (v. 3). No era una voz áspera. No era una voz fuerte. Era una voz suave. Pero “penetró hasta lo más profundo de los que la oyeron”, haciendo que sus cuerpos se estremecieran y sus corazones ardieran (v. 3). Todos juntos, como pueblo, oyeron la voz que decía: “He aquí a mi Hijo Amado, en quien me complazco, en quien he glorificado mi nombre: a él oíd” (v. 7; cursiva agregada).

El porqué

Cada uno de estos tres ejemplos nos enseña cosas acerca de cómo al Padre le gustaría que escuchemos a Jesús. En su Primera Visión, José escuchó en forma personal y privada. José Smith escuchó estas palabras del Padre cuando estaba solo. Tomarse un tiempo a solas para alejarse, para olvidar las cosas del mundo, puede abrir nuestros oídos espirituales para que podamos escuchar y nuestros corazones para que podamos entender.

El joven y ordinario José, al igual que muchas otras personas, tenía preguntas y necesidades importantes que parecía que nadie era capaz de responder o satisfacer. Él tomó un tiempo de su rutina regular para enfocarse en estos asuntos de importancia eterna y llevó sus peticiones y preguntas personales a Dios. En su corazón, deseaba sinceramente el perdón. En su mente, voluntariamente buscaba y aceptaba dirección personal. Porque estaba listo, dispuesto y capaz de decir: No se haga mi voluntad, sino la tuya; lo escuchó.

A través de la experiencia de Pedro, Santiago y Juan en la transfiguración de Jesús, aprendemos que el Señor quiere que lo escuchemos a través de Sus líderes del sacerdocio autorizados y a medida que todos trabajamos individualmente dentro de las líneas de autoridad del sacerdocio. Lo escuchamos cuando nos comprometemos a obedecer, cuando vamos y hacemos las cosas que nos ha ordenado, y permanecemos concentrados y no distraídos. Subir al templo, la Casa del Señor, hoy en día es nuestra manera de subir “al monte de Jehová” (Salmos 24:3). Allí escuchamos la palabra del Señor que nos transfigura.

Finalmente, como cuando el pueblo se reunió en el templo de la tierra de Abundancia, aprendemos a escucharlo colectivamente, como su comunidad justa del convenio. Observen aquí una sutil variación en la fórmula común de 3 Nefi 11:7: “a él oíd“. [En el texto en inglés], la petición: “[H]ear him” [oírlo] se expresa en plural7. La invitación y el imperativo se extendieron a todo el pueblo en conjunto. Como pueblo, nosotros también lo escuchamos.

Durante todas las horas de ese día, estas personas escucharon al Señor (3 Nefi 11–18). Escucharon como familias, preocupados el uno por el otro. Escucharon como discípulos, encargados de importantes deberes. Escucharon como un pueblo que hace convenios, diciendo que sí a guardar Sus mandamientos. Escucharon en armonía, para evitar disputas. Escucharon las promesas que se aplicaban colectivamente a todos los que lloran, a todos los que tienen hambre y sed, a todos los puros de corazón, a todos los pacificadores y a todos los que eran perseguidos.

Lo escucharon llamándolos a ser la sal de la tierra y la luz para otros en un monte. Le oyeron llamarlos a dominar la ira, a no juzgar, sino a reconciliarse con los demás en la comunidad del convenio. Le oyeron rogarles que fueran fieles el uno al otro como cónyuges, que pusieran la otra mejilla, que dieran generosamente a los que les pidieran un abrigo para vestir o una persona que les ayudara a llevar una carga durante una milla, que amaran y oraran por los enemigos, que dieran limosna a los pobres, que oraran (solos y también en grupo), que edificaran el reino del Padre en la tierra como en el cielo (3 Nefi 11–14).

Lo escucharon mientras les enseñaba sus planes futuros para el recogimiento del Israel esparcido y la edificación colectiva de Sion (3 Nefi 15–16). Lo escucharon mientras sanaba a sus enfermos, mientras oraba por ellos como padres, mientras bendecía a sus hijos y mientras administraba la Santa Cena, instruyéndolos a orar juntos, a reunirse y a cuidarse mutuamente (3 Nefi 17-18).

De todas estas formas, lo escucharon como su pueblo. Como una comunidad del convenio. Como familias. Como compañeros santos, pensando en los demás, cuidando de los demás y ayudándose mutuamente.

Por todas estas razones (personales, organizacionales, colectivas) Jesús vino a este mundo. Vino para que todos supieran que Él es Aquel a quien el Padre había enviado para morir y expiar los pecados de todo el mundo. Él venció la muerte en nombre de todos, abrió las puertas del infierno, se levantó de la tumba y saldrá de nuevo resucitado en gloria eterna.

Otras lecturas

John W. Welch, “The Sure Word of God the Father: ‘This Is My Beloved Son, Hear Him’, 2020, en línea en archive.bookofmormoncentral.org.

 

1. En el bautismo de Jesús, de acuerdo con Marcos y Lucas, la voz del Padre también se escucho diciendo: “Tú eres mi Hijo Amado; en ti me complazco” (Marcos 1:11Lucas 3:22), o según Mateo: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco” (Mateo 3:17). En esa ocasión, el énfasis estaba en identificar a Jesús (como en Salmos 2:7), no en decir a los demás que lo “escucharan”, y por lo tanto ese imperativo no se incluyó en esa ocasión.
2. John W. Welch, ed., Opening the Heavens: Accounts of Divine Manifestations 1820–1844 (Provo, UT: BYU Studies, 2005), 15.
3. William W. Phelps to Sally Phelps, June 2, 1835, MS, Church History Library, Salt Lake City, UT.
4. Él pudo haber mencionado también la gran visión que compartió con Sidney Rigdon en 1832, cuando vieron a Jesús “a la diestra de Dios” y escucharon “la voz testificar que él es el Unigénito del Padre” (DyC 76:23).
5. Welch, Opening the Heavens, 25.
6. Welch, Opening the Heavens, 26.
7. En el inglés moderno temprano el pronombre “ye ” (vosotros) era la forma plural de “you” (tú).

Traducido por Central del Libro de Mormón