¿Por qué estudiar literatura apócrifa antigua?
Agosto 12, 2021
KnoWhy #613
Judith and Holofernes (Judith y Holofernes) por Jan de Bray. Imagen vía Wikimedia Commons.
Judith and Holofernes (Judith y Holofernes) por Jan de Bray. Imagen vía Wikimedia Commons.
“De cierto, así dice el Señor concerniente a los libros apócrifos: Contienen muchas cosas verdaderas, y en su mayoría se han traducido correctamente; ... Por tanto, quien los lea, que entienda, porque el Espíritu manifiesta la verdad; y el que sea iluminado por el Espíritu logrará beneficio de ellos”.

Doctrina y Convenios 91:1, 4–5

El conocimiento

En la actualidad, la mayoría de los Santos de los Últimos Días no están familiarizados con la colección de libros comúnmente llamados Apócrifos (del griego: “oculto”). Se trata de obras de literatura judía, algunas de carácter religioso, escritas principalmente en griego entre el siglo III a. C. y el siglo I d. C. (véase en el Apéndice una lista de los libros que componen los Apócrifos). Se incluyeron como parte de la Septuaginta (la traducción griega de la Biblia hebrea/Antiguo Testamento) y, como resultado, algunos cristianos primitivos los incluyeron como parte del canon bíblico. Hasta el día de hoy, forman lo que se llama libros deuterocanónicos en el cristianismo católico y ortodoxo1.

Debido a que estas obras se escribieron principalmente durante el período intertestamentario, es decir, el tiempo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, su estudio puede ayudar a cerrar la brecha cultural, religiosa e histórica entre el final del Antiguo Testamento y el comienzo del Nuevo2. Por lo tanto, como explicó Jared Ludlow: “[L]os Apócrifos pueden ser una valiosa herramienta para ayudarnos a comprender el trasfondo político, cultural y religioso de Jesucristo y sus contemporáneos”3.

Más allá de la colección “oficial” de los Apócrifos, existen varios escritos judeocristianos adicionales de aproximadamente el mismo período de tiempo que a veces se les denomina literatura apócrifa. Esto incluye las obras seudoepígrafas: textos escritos en primera persona como si los hubiera escrito una figura bíblica famosa, como Moisés, Enoc, Salomón o uno de los patriarcas4. Muchos textos de los Rollos del mar Muerto también podrían calificarse como Apócrifos5. También están los Apócrifos del Nuevo Testamento, que consisten en evangelios no canónicos, seudoepígrafos cristianos primitivos y otros escritos que fueron importantes para los cristianos antiguos pero que finalmente fueron excluidos del canon6.

Hugh Nibley fue uno de los primeros Santos de los Últimos Días en estudiar formalmente este vasto acervo de literatura antigua, descubriendo muchas similitudes con las Escrituras y enseñanzas de la Restauración7. Desde entonces, otros Santos de los Últimos Días han tomado como base el legado de Nibley. Por ejemplo, Nibley realizó un estudio detallado de 3 Nefi en comparación con los primeros escritos cristianos conocidos como la literatura de los 40 días y encontró numerosos y sorprendentes paralelismos8. Otros se han basado en este trabajo y han descubierto que 3 Nefi encaja ampliamente en el género del Evangelio de los primeros escritos cristianos9.

Muchas enseñanzas de la Restauración se encuentran en libros apócrifos. Por ejemplo, algunos pasajes de la Sabiduría de Salomón, uno de los libros Apócrifos oficiales, enseñan sobre la “existencia preterrenal del alma”10. Ben Sirá, otro libro en los Apócrifos, “tiene varios dichos de sabiduría relacionados con la familia y la importancia de criar a los hijos en rectitud”, lo cual se refleja en el “enfoque en la familia”11 de los Santos de los Últimos Días. El acervo más amplio de literatura apócrifa incluye extensas tradiciones relacionadas con Enoc, muchas de las cuales tienen similitudes con detalles que se encuentran en Moisés 6–712.

El porqué

Claramente, hay mucho en común entre estos textos antiguos y las doctrinas y Escrituras de la Restauración. Como bien señaló Robert J. Matthews: “[H]ay muchas lecturas interesantes y útiles en la literatura apócrifa ... [y] la presencia en la revelación de los últimos días de ideas y nombres que no se encuentran en la Biblia pero sí en los escritos apócrifos debería despertar nuestro interés en estos escritos antiguos”13. Sin embargo, Matthews también señaló que “gran parte de la literatura apócrifa es obviamente falsa”14. De hecho, no todo en los apócrifos y en la literatura apócrifa más ampliamente definida, coincide con las Escrituras y enseñanzas de la Restauración.

Como el Señor le reveló a José Smith: “[C]oncerniente a los libros apócrifos: Contienen muchas cosas verdaderas, y en su mayoría se han traducido correctamente; hay muchas cosas en ellos que no son verdaderas, que son interpolaciones de los hombres”. (Doctrina y Convenios 91:1–2). Además, el Señor le aseguró a José que aquel que lea los Apócrifos con la guía del Espíritu “logrará beneficio de ellos” (DyC 91:4–5).

Esta misma guía y consejo seguramente se aplican a otra literatura apócrifa antigua, la mayoría de la cual fue descubierta después de la vida de José Smith. Evidentemente, el estudio de dicho material no debe tener prioridad sobre el estudio de las Escrituras, tal como el Señor le ordenó a José que no incluyera los Apócrifos en su traducción de la Biblia, pero el estudio profundo y espiritualmente respetuoso de estas antiguas obras literarias e históricas puede proporcionar un contexto histórico y cultural a las Escrituras y, por lo tanto, fortalecer la fe y mejorar la comprensión de las Escrituras sagradas. Más aún, aquellos que leen estos textos apócrifos con el Espíritu como guía, pueden extraer por cuenta propia: sabiduría, discernimiento y verdades eternas.

Jared Ludlow concluyó: “[Doctrina y Convenios 91] deja los Apócrifos como una invitación abierta a explorar por nuestra cuenta, mediante la guía del Espíritu, para ver qué verdad encontramos en ellos. Algunas doctrinas y principios son los mismos a través del tiempo, y podemos aprender de las perspectivas [de los autores apócrifos] sobre ellos”15.

Otras lecturas

Jared W.Ludlow, Exploring the Apocrypha from a Latter-day Saint Perspective (Springville, UT: Cedar Fort, 2018).

S. Kent Brown y Richard Neitzel Holzapfel, Between the Testaments: From Malachi to Matthew (Salt Lake City, UT: Deseret Book, 2002).

C. Wilfred Griggs, “Apocrypha and Pseudepigrapha”, en Encyclopedia of Mormonism, 4 vols., Ed. Daniel H. Ludlow (New York, NY: Macmillan Publishing, 1993), 1:55–56.

C. Wilfred Griggs, ed., Apocryphal Writings and the Latter-day Saints (Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1986).

Apéndice: Lista de libros Apócrifos

  • Baruc y Epístola de Jeremías Apócrifo
  • Oración de Manasés
  • 1 Esdras (3 Ezra)
  • 2 Esdras (4 Ezra)
  • Judit
  • Tobit (Tobías)
  • 1 Macabeos
  • 2 Macabeos
  • Ben Sirá (Eclesiástico)
  • Sabiduría de Salomón
  • Añadiduras a Éster y Daniel

Algunas iglesias cristianas también incluyen:

  • Salmo 151
  • 3 Macabeos
  • 4 Macabeos
  • 1. Véase Amy-Jill Levine, “Apocrypha”, en Eerdmans Dictionary of the Bible, ed. David Noel Freedman (Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans, 2000), 73–75. Para obtener una introducción útil para los Santos de los Últimos Días, véase Jared W. Ludlow, Exploring the Apocrypha from a Latter-day Saint Perspective (Springville, UT: Cedar Fort, 2018).
  • 2. Sobre el período intertestamentario, véase S. Kent Brown y Richard Neitzel Holzapfel, Between the Testaments: From Malachi to Matthew (Salt Lake City, UT: Deseret Book, 2002).
  • 3. Ludlow, Exploring the Apocrypha, 5.
  • 4. La edición estándar de la mayor parte de esta literatura se encuentra en James H. Charlesworth, ed., The Old Testament Pseudepigrapha, 2 vols. (Peabody, MA: Hendrickson, 1983).
  • 5. Para los Rollos del mar Muerto no bíblicos, véanse las ediciones de fácil lectura de Michael Wise, Martin Abegg Jr. y Edward Cook, trad., The Dead Sea Scrolls: A New Translation (New York, NY: HarperOne, 2005); Geza Vermes, trad., The Complete Dead Sea Scrolls in English, rev. ed. (New York, NY: Penguin, 2004).
  • 6. Véase Ann Graham Brock, “Apocrypha, Early Christian”, en Eerdmans Dictionary, 75–77.
  • 7. El gran compromiso de Nibley con la literatura apócrifa puede verse en The Collected Works of HughNibley, 19 vols. (Salt Lake City, UT: Deseret Book; Provo, UT: FARMS, 1986–2010).
  • 8. Véase Hugh Nibley, Mormonism and Early Christianity (Salt Lake City, UT: Deseret Book; Provo, UT: FARMS, 1987), 10–44; Hugh Nibley, “Two Shorts in the Dark, Part II: Christ Among the Ruins”, en Book of Mormon Authorship: New Light on Ancient Origins, ed. Noel B. Reynolds (Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1982), 7–31.
  • 9. Para un resumen, véase Central del Libro de Mormón, “¿Por qué 3 Nefi es a veces llamado el 'Quinto Evangelio'? (3 Nefi 27:21)”, KnoWhy 222 (octubre 9, 2017). Véase también Richard Lloyd Anderson, “Imitation Gospels and Christ’s Book of Mormon Ministry”, en Apocryphal Writings and the Latter-day Saints, ed. C. Wilfred Griggs (Religious Studies Center, Brigham Young University, 1986), 53–107.
  • 10. Ludlow, Exploring the Apocrypha, 193.
  • 11. Ludlow, Exploring the Apocrypha, 220.
  • 12. Véase Hugh Nibley, Enoch the Prophet (Salt Lake City, UT: Deseret Book; Provo, UT: FARMS, 1986); Jeffrey Bradshaw, Jacob A. Rennaker y David J. Larsen, “Revisiting the Forgotten Voices of Weeping in Moses 7: A Comparison with Ancient Texts”, Interpreter: A Journal of Latter-day Saint Faith and Scholarship 2 (2012): 41–71; Jeffrey M. Bradshaw y David J. Larsen, “Ancient Affinities within the LDS Book of Enoch Part One”, Interpreter 4 (2013): 1–27; Jeffrey M. Bradshaw y David J. Larsen, “Ancient Affinities within the LDS Book of Enoch Part Two”, Interpreter 4 (2013): 29–74; Jeffrey M. Bradshaw y Ryan Dahle, “Could Joseph Smith Have Drawn on Ancient Manuscripts When He Translated the Story of Enoch? Recent Updates on a Persistent Question”, Interpreter 33 (2019): 305–374.
  • 13. Robert J. Matthews, “Whose Apocrypha? Viewing Ancient Apocrypha from the Vantage of Events in the Present Dispensation”, en Apocryphal Writings, 17.
  • 14. Matthews, “Whose Apocrypha?” 17.
  • 15. Ludlow, Exploring the Apocrypha, 223–224.