¿Por qué Alma vio a Dios rodeado de ángeles?
Julio 23, 2020
KnoWhy #570
"Between Heaven and Earth" (Entre el cielo y la tierra) por Annie Henrie Nader.
"Between Heaven and Earth" (Entre el cielo y la tierra) por Annie Henrie Nader.
"Sí, me pareció ver —así como nuestro padre Lehi vio— a Dios sentado en su trono, rodeado de innumerables concursos de ángeles en actitud de estar cantando y alabando a su Dios; sí, y mi alma anheló estar allí".

Alma 36:22

El conocimiento

La cúspide del magistral relato quiásmico de Alma sobre su conversión narra cómo recordó y clamó a Jesucristo, el Hijo de Dios, por misericordia, mientras estaba en medio del angustioso tormento de sus muchos pecados (Alma 36:17-18)1. A partir de ese momento su alma se transformó, de un estado previo donde "el solo pensar" estar en la presencia de Dios "atormentaba [su] alma con indecible horror" (Alma 36:14), a un estado en el que era digno de ver a Dios en su trono, e incluso anhelaba estar allí con Él (Alma 36:22). Por lo tanto, la historia de Alma es un ejemplo inspirador del poder transformador que el arrepentimiento y la conversión a Cristo pueden tener en la vida de las personas.

Sin embargo, los investigadores están reconociendo cada vez más que la historia de Alma trata sobre algo más que el arrepentimiento. "Si la intención del capítulo [Alma 36] era únicamente enseñar a arrepentirse", observó Kevin Tolley, "podría ser más adecuado para su hijo menor, Coriantón"2. Prestando cuidadosa atención a los detalles tanto en Alma 36 como en Mosíah 27, Tolley señala que la conversión de Alma también sigue el patrón establecido de las antiguas narraciones de llamados proféticos3. En el Israel antiguo, durante los días de Lehi y Nefi, el típico llamado profético culminaba cuando el profeta se encontraba de pie en medio de la hueste celestial de Dios, viendo y escuchando las deliberaciones y decretos del consejo divino (véase Jeremías 23:16-18)4.

Por consiguiente, como se ha discutido útilmente durante las últimas tres décadas, Nefi comenzó su registro relatando la visión de su padre donde vio a Dios en su trono, rodeado por la hueste celestial, estableciendo así su legitimidad como profeta (1 Nefi 1:8-15)5. En el relato de Alma a su hijo Helamán, citó justo 23 palabras de Lehi en la cita textual más larga de un autor del Libro de Mormón a otro: "Sí, me pareció ver —así como nuestro padre Lehi vio— a Dios sentado en su trono, rodeado de innumerables concursos de ángeles en actitud de estar cantando y alabando a su Dios" (Alma 36:22; cf. 1 Nefi 1:8)6.

Al citar el llamado profético de Lehi mientras relataba su propia experiencia, Alma indicó que a él también "le fue dado conocimiento celestial y fue comisionado para predicar un mensaje divino" de la misma manera que a Lehi y a otros profetas antiguos7. A partir de ese momento, Alma y los hijos de Mosíah se dedicaron a "proclama[r] a todo el pueblo las cosas que habían oído y visto" (Mosíah 27:32), una frase típica de las narraciones antiguas sobre llamados proféticos israelitas8.

Mark Alan Wright también ha notado que algunos aspectos de la experiencia de Alma mantienen correspondencia con los antiguos patrones de las américas para convertirse en un profeta y un sanador9. Así pues, la comisión profética de Alma se ajusta simultáneamente al modelo de sus antiguos antepasados israelitas y nefitas y también a las expectativas que probablemente tenían sus antiguos contemporáneos americanos.

El porqué

Entender el relato de Alma como una narración de un llamado profético, además de ser una historia de arrepentimiento y conversión, aclara por qué le dio este relato a su hijo Helamán quien era un hombre justo y el mayor, en lugar de dárselo a su hijo Coriantón, que tenía una mayor necesidad de aprender sobre el poder del arrepentimiento. Como Tolley explicó: "Considerando el mensaje subyacente de un llamado profético, parecería apropiado que Alma relatara la historia a su hijo mayor, Helamán, el heredero aparente de su ministerio profético"10. Cuando el ángel le encargó a Alma que "no [tratara] más de destruir la iglesia de Dios" (Alma 36:11) y luego Alma salió y "[trabajó] sin cesar" para "traer almas al arrepentimiento" (Alma 36:24), Alma llamó y le encargó a su hijo Helamán que se asegurara "de cuidar estas cosas sagradas" y que fuera a ese "pueblo y declara[ra] la palabra" (Alma 37:47).

Además, estas narraciones de llamados proféticos usan palabras típicas que confirman la majestad y autoridad a través de las cuales vienen estas asignaciones proféticas. A menudo hablan de la gloria, el poder, la luz y la voz de Dios, así como de la abrumadora sensación de incapacidad del profeta que está siendo llamado (véase Isaías 6:1-5). De esta manera, Alma utiliza en Alma 36 muchas de las mismas palabras clave, como los términos ángel, voz de trueno, levantarse y ponerse de pie, nacido de Dios, misericordia, luz maravillosa , recordar, cautiverio, padres, servidumbre y librar, que el ángel había utilizado mientras hablaba con Alma en el momento de su conversión y llamamiento autorizado junto con los cuatro hijos del rey Mosíah (véase Mosíah 27:16)11. Palabras similares fueron usadas, con propósitos semejantes, por Isaías y Lehi al declarar su abrumador asombro ante las grandes obras de Dios, la bondad y la misericordia como resultado de sus apariciones ante el trono de Dios (véase 1 Nefi 1:14).

Posteriormente, Alma transmitió símbolos tangibles de autoridad profética, los registros sagrados, la Liahona y los intérpretes, a Helamán, en lo que probablemente fue un acto ceremonial (Alma 37)12. Alma transmitió estos registros a Helamán tal como Dios lo había mostrado y confió el libro sagrado a Lehi (1 Nefi 1:11). Al recordar el comienzo de la teofanía del trono de Lehi, Alma evocó el final de esa historia, donde Lehi fielmente "salió entre el pueblo y empezó a profetizar y a declararles concerniente a lo que él había visto y oído" (1 Nefi 1:18). A través de estas expresiones literarias y transmisiones ceremoniales, "Helamán se muestra como el sucesor de Alma en la línea de los profetas nefitas"13. El manto profético fue efectivamente transferido de Alma a Helamán, y este momento se convierte, en todos los aspectos, en el llamado profético y la comisión de Helamán.

Otras lecturas

Kevin L. Tolley, “Alma 36: A Call to Repentance, a Prophetic Call”, en Give Ear to My Words: Text and Context of Alma 36–42, ed. Kerry M. Hull, Nicholas J. Frederick y Hank R. Smith (Salt Lake City y Provo, UT: Deseret Book y BYU Religious Studies Center, 2019), 297–320.

Stephen O. Smoot, “The Divine Council in the Hebrew Bible and the Book of Mormon”, Interpreter: A Journal of Mormon Scripture 27 (2017): 155–180.

Kevin L. Tolley, “To ‘See and Hear’”, Interpreter: A Journal of Mormon Scripture 18 (2016): 139–158.

Mark Alan Wright, “Nephite Daykeepers: Ritual Specialists in Mesoamerica and the Book of Mormon”, en Ancient Temple Worship: Proceedings of the Expound Symposium, 14 de mayo de 2011, ed. Matthew B. Brown et al. (Salt Lake City y Orem, UT: Eborn Books e Interpreter Foundation, 2014), 248–252.