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KnoWhy #674

¿Cómo la oración intercesora de Jesús nos guía hacia el Templo?

junio 9, 2023
KnoWhy #674
Jesús ofreciendo su oración intercesora
A la izquierda, Jesús ofrece su oración intercesora por sus discípulos; a la derecha, un hombre antes paralítico y curado por Pedro entra en el templo por primera vez. Imágenes cortesía de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
“Estas cosas habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti”.
Juan 17:1

El conocimiento

El evangelio de Juan contiene el relato más grande de los momentos finales y personales que Jesús compartió con Sus apóstoles inmediatamente antes de Su sacrificio expiatorio, muerte y resurrección. Después de dar Su mensaje final en el aposento alto y en camino al Getsemaní, Jesús “alzando los ojos al cielo” y ofreció una gran oración intercesora por Sus discípulos (Juan 17:1).

Muchos han señalado que esta oración es correctamente conocida como la Oración Sacerdotal de Jesús, ya que sucedió antes de Su sacrificio expiatorio. William J. Hamblin también ha señalado que esta oración “debería ser contextualizada dentro de la narrativa más amplia de la pascua de los últimos días de la vida de Jesús”. Especialmente dada la naturaleza del último mensaje de Jesús, esta oración “para el evangelio de Juan, sirve como un símbolo del templo; es el lugar de encuentro del cielo y la tierra donde las personas encuentran a Dios”1.

Muchos aspectos de la oración de Jesús reflejan el templo antiguo y se relaciona con sus símbolos, y finalmente con la esperanza de que los seguidores de Cristo puedan regresar a la presencia de Dios y llegar a ser como Él. Específicamente, Hamblin cita seis de estas representaciones en la oración.

La casa del Padre

Primero, la oración de Jesús se puede entender mejor dentro del contexto que el mismo Jesús ofreció al principio de Su sermón final a los apóstoles. Jesús les dijo: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; de otra manera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Juan 14:2; énfasis añadido). De manera notable, la frase “la casa de mi Padre” solamente aparece en otra ocasión en el evangelio de Juan, es decir, cuando Jesús limpia el templo (véase Juan 2:16)2.

Sin embargo, está claro que en Juan 14:2 Jesús se estaba refiriendo no al templo terrenal en Jerusalén sino al templo celestial donde mora Dios. Esto se puede discernir en la siguiente declaración de Jesús: “[V]endré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis” (Juan 14:3, énfasis añadido). En la misma oración intercesora, esta idea se repite con ligeras variaciones: “[A]quellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria” (Juan 17:24). Por lo tanto, Jesús deja claro que desea que Sus discípulos entren “en la presencia del Padre en el cielo”, que es en Su templo celestial3.

La revelación del nombre del Padre

Segundo, Jesús declara dos veces en Su oración que Él ha manifestado o declarado el nombre del Padre a los discípulos y lo declarará de nuevo (véase Juan 17:6, 26). En la época de Jesús, se habían establecido restricciones con respecto la “escritura ritual y pronunciación del nombre [Jehová]” que se había revelado a Moisés en el Monte Sinaí (véase Éxodo 3:15). Estas restricciones permitían a los sacerdotes del templo pronunciarlo solamente bajo dos circunstancias muy específicas: una vez al año “por el sumo sacerdote en el templo el día de la Expiación o “durante la recitación diaria de la bendición sacerdotal descrita en Números 6:22-274.

Hamblin señala que cuando Jesús declara el nombre del Padre, Él “está actuando en el contexto de dos importantes tradiciones bíblicas”. Primero, Jesús se está estableciendo como “el ‘profeta semejante a Moisés’, a quien Dios reveló Su nombre”, y segundo, “la afirmación de que Jesús también reveló el nombre del Padre a Sus discípulos lo que también implicaría que Jesús reclamó la autoridad de sumo sacerdote para revelar el nombre” y ofrecer una expiación para los hijos de Israel5.

Cristo es la manifestación de la gloria de Dios

Tercero, a lo largo de Su oración, Jesús hace referencia a la gloria de Dios6. En el Antiguo Testamento, “la gloria de [Jehová] es la manifestación de la presencia de Dios en el templo o tabernáculo”7. Aunque a menudo es descrito como un pilar de fuego y humo, la gloria del Señor se dice que es la forma de una persona de acuerdo con Ezequiel 1:28 . En consecuencia, las declaraciones de Jesús relacionadas con la gloria “habrían evocado ideas de las teofanías gloriosas de Dios en el templo y la glorificación postmortal de Cristo por el Padre habría implicado una teofanía de gloria en el templo celestial”8.

Expulsión del Maligno

Cuarto, Jesús parece expulsar a Satanás de entre los discípulos durante Su oración cuando le pide al padre “los [guarde] del mal” (Juan 17:15; énfasis añadido). Aunque no es evidente en la versión King James, la frase traducida como “mal” era ampliamente entendida por los primeros cristianos como una referencia al “maligno, que es Satanás”. De esta manera, la oración de Jesús refleja la práctica de colocar el cordero expiatorio en el desierto durante el Día de la Expiación. Este era un “prerrequisito simbólico para la purificación de Israel en preparación para la visita de [Jehová] con el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo del tabernáculo o el templo”9.

Santificación de Cristo y Sus discípulos

Quinto, Jesús pidió a Su Padre que santifique a Sus discípulos: “Santifícalos en tu verdad … Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” (Juan 17:17, 19). Tal como Hamblin ha señalado, “el lenguaje de santidad, sagrado y consagrado es el lenguaje del templo”10.

Así como los sacerdotes del templo se someten a un ritual de purificación y santificación para que puedan servir, Cristo santifica a Sus discípulos para que pueda enviarlos al mundo a enseñar Su evangelio (Juan 17:18). Además, el sumo sacerdote en el Día de la Expiación de manera similar se santifica para que “en su estado santificado, pueda oficiar en el templo para santificar a la comunidad de Israel por medio de los rituales del Día de la Expiación”11. Por lo tanto, Cristo se identifica como el Gran Sumo Sacerdote mientras se prepara a sí mismo para realizar la expiación. Él también prepara a Sus apóstoles para que difundan las bendiciones de Su expiación para el mundo por medio de su predicación.

Ascenso celestial y llegar a ser como Dios

Finalmente, Jesús ora para que Sus discípulos puedan llegar a ser como Él y Su Padre. No solo a Sus discípulos se les permitirá ver la gloria de Dios sino que también a ellos se les dará esa gloria: “Y la gloria que me diste les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno” (Juan 17:22).

Como Hamblin ha señalado que muchos de los primeros textos cristianos y judíos finalizan con el ascenso de los discípulos al templo celestial, donde son entronados con Dios12. De la misma manera, los apóstoles Pedro, Juan y Pablo se refieren a la doctrina de llegar a ser como Dios en varios puntos de sus escritos13. Los primeros cristianos vieron esta doctrina como el destino final de los santos justos14.

Otros cristianos de la antigüedad también seguían esta forma de oración en su adoración.

Resulta significativo que otras tradiciones cristianas antiguas vinculen la oración que Jesús ofreció en Getsemaní con rituales del templo. En un texto de los Hechos de Juan, se cuenta que Jesús “nos dijo primero que formáramos un círculo, sostuviéramos nuestras manos, y Él mismo se puso en medio” cuando ofreció esta oración poco antes de Su arresto15.

Otros cristianos de la antigüedad también seguían esta forma de oración en su adoración. Hugh Nibley ha identificado varios textos que representan de forma prominente un círculo de oración de los primeros cristianos. Al igual que en el caso de la Oración de Intercesión, Nibley observa que “el propósito del círculo de oración era lograr la unidad total de mentes y corazones” y, en última instancia, preparar a los participantes y a aquellos por quienes se oraba para entrar en la presencia del Señor en el templo celestial16.

El porqué

La gran oración intercesora de Jesús debió de ser una experiencia profunda para su círculo íntimo de discípulos, que le oyeron orar personalmente en su nombre. Sin embargo, Sus palabras son verdaderamente para todos Sus seguidores en todas las edades, incluyendo la nuestra. El mismo Jesús lo aclaró:”Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos; para que todos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros” (Juan 17:20–21).

Podemos ser unificados con Dios a medida que hacemos y cumplimos con los convenios. Tanto en el bautismo y como en el templo, los santos de hoy toman sobre sí el nombre de Jesucristo y son limpiados del pecado a medida que son lavados y santificados por el Espíritu Santo, reciben poder para vencer al maligno y finalmente aprendemos todo lo que debemos hacer para entrar en el reino de los cielos. A medida que sigamos el ejemplo de Jesús, entraremos en una unidad espiritual compartida entre el Padre, el Hijo y todos los santos santificados de toda las dispensaciones.

Otras lecturas

William J. Hamblin, “‘I Have Revealed Your Name’: The Hidden Temple in John 17”, Interpreter: A Journal of Latter-day Saint Faith and Scholarship 1 (2012): 61–89.

Hugh Nibley, “The Early Christian Prayer Circle”, en Mormonism and Early Christianity (Provo, UT: Foundation for Ancient Research and Mormon Studies [FARMS]; Salt Lake City, UT: Deseret Book, 1987), 45–99.

Erik Odin Yingling, “Worship and Ritual Practices in the New Testament”, en New Testament History, Culture, and Society: A Background to the Texts of the New Testament, ed. Lincoln H. Blumell (Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University; Salt Lake City, UT: Deseret Book, 2019), 586–602.

1. Véase William J. Hamblin, “‘I Have Revealed Your Name’: The Hidden Temple in John 17”, Interpreter: A Journal of Latter-day Saint Faith and Scholarship 1 (2012): 61–62.
2. Hamblin, “‘I Have Revealed Your Name’”, 63.
3. Hamblin, “‘I Have Revealed Your Name’”, 65.
4. Hamblin, “‘I Have Revealed Your Name’”, 68–69, 70–71.
5. Hamblin, “‘I Have Revealed Your Name’”, 72.
6. Véase Juan 17:1, 4–5, 10, 17 y 24.7. Hamblin, “‘I Have Revealed Your Name’”, 74.
8. Hamblin, “‘I Have Revealed Your Name’”, 77.
9. Hamblin, “‘I Have Revealed Your Name’”, 78.
10. Hamblin, “‘I Have Revealed Your Name’”, 80.
11. Hamblin, “‘I Have Revealed Your Name’”, 80.
12. Véase Hamblin, “‘I Have Revealed Your Name’”, 82–84.
13. Véase, por ejemplo, 2 Pedro 1:4; 1 Juan 3:1–3; Apocalipsis 4:2–6; 11:16; 20:4; 2 Corintios 8:17; Romanos 3:18, 29; Gálatas 4:4–7.14. Para un análisis de la doctrina de la theosis, o llegar a ser como Dios, en el cristianismo antiguo, véase Daniel Becerra, “Becoming Like God: Incarnation, Moral Formation, and Eternal Progression”, en Ancient Christians: An Introduction for Latter-day Saints, ed. Jason R. Combs, Mark D. Ellison, Catherine Gines Taylor y Kristian S. Heal (Provo, UT: Neal A. Maxwell Institute, 2022), 369–393.
15. William Schneemelcher, ed., New Testament Apocrypha, vol. 2, rev. ed. (Louisville, KY: John Knox Press, 1989), 181.
16. Hugh Nibley, “The Early Christian Prayer Circle”, en Mormonism and Early Christianity (Provo, UT: FARMS; Salt Lake City, UT: Deseret Book, 1987), 68–83, esp. 77.

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Referencia a las escrituras

Traducido por Central del Libro de Mormón